
De los 350 escaños que tiene el congreso de los diputados, más del 90% están copados por miembros del Partido Popular y del Partido Socialista. La hegemonía de estos dos partidos políticos es demoledora.
Recordemos que la democracia se define por la representación de la voluntad del pueblo en el Parlamento. O visto de otra manera, el 90% de la población española está representada por estos dos partidos políticos a los que, a su vez, se les concede la responsabilidad de la toma de decisiones y, en definitiva, del rumbo y devenir del país.
La principal mentira de nuestro sistema democrático (que no la única pero quizá sí la más importante) es la falsa creencia de que el PP y el PSOE defienden posturas diferentes. Y no sólo eso, peor todavía es pensar que son partidos antagónicos. Nada más lejos de la realidad.
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En los últimos tiempos hemos sido testigos de como PP y PSOE han aprovado juntos reformas y leyes tan fundamentales como la de la jubilación a los 67 años, la ley Sinde, la reforma laboral o la ayuda a la banca, y bloqueado otras tantas como por ejemplo la enmienda propuesta por IU e ICV de la actual ley hipotecaria, por poner sólo algunos ejemplos recientes.
¿Realmente alguien cree en serio que más del 90% de la sociedad española está a favor de atrasar la edad de jubilación, de que se permita el cierre impune de webs de descarga de archivos, de perder de un plumazo derechos laborales históricamente adquiridos, de que el gobierno destine una cantidad de dinero insultante a los bancos bajo el pretexto de la crisis o de que la entrega de la vivienda a las entidades financieras no sea suficiente para cancelar una hipoteca?
Y repito, estos son sólamente unos pocos ejemplos actuales y conocidos. También podríamos nombrar aquí otros acuerdos no tan mediáticos pero sí tan importantes o más que los anteriores, como por ejemplo el consenso que mantienen estos grupos en el fomento de la industría armamentística española (España tiene el dudoso honor de ser uno de los principales exportadores de armas en el mundo), o sobre el cultivo de transgénicos (España es pionera dentro de la Unión Europea) o sobre los privilegios que le son concedidos a la clase política (es decir, que los políticos se otorgan así mismos respecto a las condiciones del resto de la población), etcétera.
Por no hablar ya de otras cuestiones de fondo, que por supuesto ambos grupos defienden con la misma vehemencia, como ahora la monarquía o la fe acérrima en el libre mercado y el capitalismo más beligerante.
Así pues, si en todos estos temas PP y PSOE defienden idénticas posturas, más que advertir sus parecidos deberíamos reflexionar sobre si existe diferencia alguna. Y sobretodo, deberíamos plantearnos en profundidad si realmente nos sentimos representados por ellos. Y la pregunta más importante: "¿Debemos seguir legitimando con nuestro voto a estos partidos?"
Y no vale eso de decir "yo voto PSOE para que no salga PP " o viceversa porque en realidad... Da igual. Salvando algún que otro momento histórico excepcional en el cual podría justificarse, como pudo ser la elección de Zapatero en 2004 tras la guerra de Irak y los atentados del 11-M, en realidad es lo mismo que esté en el poder uno u otro.
A mi entender, poco a poco (aunque quizá demasiado despacio) los ciudadanos somos cada vez más conscientes de que los dos grandes partidos políticos nacionales -salvando pequeños matices- defienden un mismo modelo de sociedad, en el cual las decisiones quedan totalmente fuera del alcance de los miembros de la misma para dejarlas, eso sí normalmente a cambio directa o indirectamente de unos buenos réditos personales, en manos de los intereses de entidades financieras, de grandes coorporaciones internacionales e inclusive, de los criterios económicos de las grandes potencias mundiales.
La consecuencia de todo ello es la indefensión del ciudadano ante unas políticas que poco o nada tienen que ver con él, y que en no pocas ocasiones le perjudican sobremanera o que, simplemente, actúan en contra de sus principios. Eso sí, siempre al amparo de "la democracia".
La realidad aún es más desoladora teniendo en cuenta que además del juego y la propaganda que les brindan los grandes medios de comunicación (televisiones, prensa, radio), por si no fuera suficiente, el sistema electoral español favorece de forma descarada el bipartidismo PP/PSOE. Es decir, las reglas del juego no son precisamente justas. Y esto ocurre básicamente a tres motivos: la circunscripción provincial, el reparto de las cotas poder mediante el sistema d'Hont y la exigencia de alcanzar un porcentaje mínimo de votos para el cómputo demasiado elevado (dependiendo del tipo de elecciones, está fijado en el 3 o el 5%).
El resultado de combinar estas tres premisas, como decía anteriormente, se ve reflejada en el refortalecimiento del bipartidismo actual y en la relevancia que adquieren aquellas opciones con fuerte arraigo territorial, es decir, los partidos nacionalistas como PNV o CiU, además de un claro y espectacular detrimento de otras fuerzas del espectro político como por ejemplo Izquierda Unida, y la total exclusión de aquellos grupos más minoritarios que directamente quedan sin representación alguna en el Parlamento.
Resumiendo, en contra de lo que nos pretenden hacer creer, no vale lo mismo votar a un partido u otro. Hete aquí en definitiva otra gran mentira de la democracia. Votar opciones diferentes a socialista o popular, a efectos prácticos, está gravemente penalizado en el recuento final del escrutinio y, por lo tanto, dejando literalmente sin micro a muchas voces con sensibilidades diferentes.
Quisiera aquí también hacer un inciso sobre el voto nacionalista, pues está demostrado, que son partidos cómplices que a cambio de perpetuar su "status quo" de protagonismo y de alguna que otra concesión en forma de "propina" hacia sus particulares regiones a fin de contentar a su electorado (que en la mayoría de ocasiones se limitan a cuestiones de relevancia menor), no tienen objeción alguna en defender el actual sistema económico y social.
Se calcula que si el sistema electoral fuera más justo, Izquierda Unida pasaría automáticamente a ser la tercera fuerza con solvencia en el arco parlamentario, respecto a las siguientes que, continuarían siendo las formaciones nacionalistas. De todas maneras, cabe decir que tanto PP como PSOE seguirían repartiéndose holgadamente el grueso del pastel , eso sí, no de una forma tan abrumadora.
Así las cosas, ante este triste panorama de cara a unas elecciones, ¿qué opciones tenemos los ciudadanos disconformes con el sistema? El voto consciente.
El voto consciente es aquel que con conocimiento del sistema y de la manipulación a la que estamos sometidos los ciudadanos y aún a sabiendas las trabas de la ley electoral y del poco impacto efectivo que su voto a priori pueda conseguir, tiene como objetivo marcar una tendencia REAL de CAMBIO.
Para ello, además de NO votar al binomio PP/PSOE tenemos las siguientes opciones, que a continuación, iré detallando en orden de (según mi criterio personal) de menor a mayor impacto social:
- VOTAR EN BLANCO: Es el voto de protesta creado por el propio sistema, así que podemos imaginar que hay gato encerrado... A la hora de la verdad es uno de los votos más condescendientes con el actual estado de las cosas, ya que al tratarse de un voto válido, se tiene en cuenta en el recuento oficial de votos pero sin cómputo efectivo. Es decir, la influencia del voto en blanco a la hora de calcular la asignación de escaños perjudica a las formaciones pequeñas y favorece a PP/PSOE. A favor del voto en blanco, tenemos que a nivel moral, un aumento significativo de este voto se puede plantear como un verdadero toque de atención al sistema. Aunque claro, para que ello sucediera debería experimentar un aumento tan espectacular como improbable, por lo que no deja de ser un voto controlado.
- VOTAR A UNA FORMACIÓN MINORITARÍA: El gran problema de emitir este tipo de voto, es que es muy complicado concentrar la mayoría de los votos de los disconformes en una única opción minoritaria, y la triste realidad es que, tal y como están las cosas, el voto a una de estas formaciones perjudica a las demás. Es decir, el razonamiento que lleva a desaconsejar la emisión del voto en blanco se aplica de igual manera para la toma de esta decisión.
Ahora bien, si apareciera una opción con la fuerza suficiente como para capitalizar a un número significativo de electores, pasaría a ser una muy buena decisión pues daría entrada a aire fresco y necesario para el verdadero cambio.
Como propuesta particular, si alguien está planteándose este tipo de voto, existe desde hace unos años un grupo denominado "Ciudadanos en Blanco" que defiende la efectividad del voto en blanco. Es decir, que los votos en blanco dejen asientos vacíos en el congreso como representación de la voluntad popular.
- VOTAR A IZQUIERDA UNIDA: Es una apuesta conservadora pues, además de la penalización electoral que actualmente supone votar a esta formación, se trata de un partido que ha renunciado a muchos de sus principios originarios, como por ejemplo, la República o el Socialismo. Ahora bien, como contrapartida tenemos que es el partido más fuerte con verdaderas políticas de izquierdas con representación en el Congreso, por lo que un hipotético aumento de su peso específico puede conseguir algo de influencia en el gobierno.
No es un voto revolucionario, pero quizá sí un voto útil.
- VOTO NULO: Sería sin duda mi predilecto, al no ser de lo difícil que resulta conseguir la movilización para este tipo de elección. El voto nulo es el voto de la militancia. Si os fijais, cuando llegan unas elecciones la proclama de los partidos políticos es "Votad. No importa a quien, pero votad". Pues bien, si queremos cambiar el sistema, pero el sistema está tan manipulado que no nos permite margen de maniobra, ¿qué podemos hacer? No participar en él.
Recordemos que la democracia se define por la representación de la voluntad del pueblo en el Parlamento. O visto de otra manera, el 90% de la población española está representada por estos dos partidos políticos a los que, a su vez, se les concede la responsabilidad de la toma de decisiones y, en definitiva, del rumbo y devenir del país.
La principal mentira de nuestro sistema democrático (que no la única pero quizá sí la más importante) es la falsa creencia de que el PP y el PSOE defienden posturas diferentes. Y no sólo eso, peor todavía es pensar que son partidos antagónicos. Nada más lejos de la realidad.
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En los últimos tiempos hemos sido testigos de como PP y PSOE han aprovado juntos reformas y leyes tan fundamentales como la de la jubilación a los 67 años, la ley Sinde, la reforma laboral o la ayuda a la banca, y bloqueado otras tantas como por ejemplo la enmienda propuesta por IU e ICV de la actual ley hipotecaria, por poner sólo algunos ejemplos recientes.
¿Realmente alguien cree en serio que más del 90% de la sociedad española está a favor de atrasar la edad de jubilación, de que se permita el cierre impune de webs de descarga de archivos, de perder de un plumazo derechos laborales históricamente adquiridos, de que el gobierno destine una cantidad de dinero insultante a los bancos bajo el pretexto de la crisis o de que la entrega de la vivienda a las entidades financieras no sea suficiente para cancelar una hipoteca?
Y repito, estos son sólamente unos pocos ejemplos actuales y conocidos. También podríamos nombrar aquí otros acuerdos no tan mediáticos pero sí tan importantes o más que los anteriores, como por ejemplo el consenso que mantienen estos grupos en el fomento de la industría armamentística española (España tiene el dudoso honor de ser uno de los principales exportadores de armas en el mundo), o sobre el cultivo de transgénicos (España es pionera dentro de la Unión Europea) o sobre los privilegios que le son concedidos a la clase política (es decir, que los políticos se otorgan así mismos respecto a las condiciones del resto de la población), etcétera.
Por no hablar ya de otras cuestiones de fondo, que por supuesto ambos grupos defienden con la misma vehemencia, como ahora la monarquía o la fe acérrima en el libre mercado y el capitalismo más beligerante.
Así pues, si en todos estos temas PP y PSOE defienden idénticas posturas, más que advertir sus parecidos deberíamos reflexionar sobre si existe diferencia alguna. Y sobretodo, deberíamos plantearnos en profundidad si realmente nos sentimos representados por ellos. Y la pregunta más importante: "¿Debemos seguir legitimando con nuestro voto a estos partidos?"
Y no vale eso de decir "yo voto PSOE para que no salga PP " o viceversa porque en realidad... Da igual. Salvando algún que otro momento histórico excepcional en el cual podría justificarse, como pudo ser la elección de Zapatero en 2004 tras la guerra de Irak y los atentados del 11-M, en realidad es lo mismo que esté en el poder uno u otro.
A mi entender, poco a poco (aunque quizá demasiado despacio) los ciudadanos somos cada vez más conscientes de que los dos grandes partidos políticos nacionales -salvando pequeños matices- defienden un mismo modelo de sociedad, en el cual las decisiones quedan totalmente fuera del alcance de los miembros de la misma para dejarlas, eso sí normalmente a cambio directa o indirectamente de unos buenos réditos personales, en manos de los intereses de entidades financieras, de grandes coorporaciones internacionales e inclusive, de los criterios económicos de las grandes potencias mundiales.
La consecuencia de todo ello es la indefensión del ciudadano ante unas políticas que poco o nada tienen que ver con él, y que en no pocas ocasiones le perjudican sobremanera o que, simplemente, actúan en contra de sus principios. Eso sí, siempre al amparo de "la democracia".
La realidad aún es más desoladora teniendo en cuenta que además del juego y la propaganda que les brindan los grandes medios de comunicación (televisiones, prensa, radio), por si no fuera suficiente, el sistema electoral español favorece de forma descarada el bipartidismo PP/PSOE. Es decir, las reglas del juego no son precisamente justas. Y esto ocurre básicamente a tres motivos: la circunscripción provincial, el reparto de las cotas poder mediante el sistema d'Hont y la exigencia de alcanzar un porcentaje mínimo de votos para el cómputo demasiado elevado (dependiendo del tipo de elecciones, está fijado en el 3 o el 5%).
El resultado de combinar estas tres premisas, como decía anteriormente, se ve reflejada en el refortalecimiento del bipartidismo actual y en la relevancia que adquieren aquellas opciones con fuerte arraigo territorial, es decir, los partidos nacionalistas como PNV o CiU, además de un claro y espectacular detrimento de otras fuerzas del espectro político como por ejemplo Izquierda Unida, y la total exclusión de aquellos grupos más minoritarios que directamente quedan sin representación alguna en el Parlamento.
Resumiendo, en contra de lo que nos pretenden hacer creer, no vale lo mismo votar a un partido u otro. Hete aquí en definitiva otra gran mentira de la democracia. Votar opciones diferentes a socialista o popular, a efectos prácticos, está gravemente penalizado en el recuento final del escrutinio y, por lo tanto, dejando literalmente sin micro a muchas voces con sensibilidades diferentes.
Quisiera aquí también hacer un inciso sobre el voto nacionalista, pues está demostrado, que son partidos cómplices que a cambio de perpetuar su "status quo" de protagonismo y de alguna que otra concesión en forma de "propina" hacia sus particulares regiones a fin de contentar a su electorado (que en la mayoría de ocasiones se limitan a cuestiones de relevancia menor), no tienen objeción alguna en defender el actual sistema económico y social.
Se calcula que si el sistema electoral fuera más justo, Izquierda Unida pasaría automáticamente a ser la tercera fuerza con solvencia en el arco parlamentario, respecto a las siguientes que, continuarían siendo las formaciones nacionalistas. De todas maneras, cabe decir que tanto PP como PSOE seguirían repartiéndose holgadamente el grueso del pastel , eso sí, no de una forma tan abrumadora.
Así las cosas, ante este triste panorama de cara a unas elecciones, ¿qué opciones tenemos los ciudadanos disconformes con el sistema? El voto consciente.
El voto consciente es aquel que con conocimiento del sistema y de la manipulación a la que estamos sometidos los ciudadanos y aún a sabiendas las trabas de la ley electoral y del poco impacto efectivo que su voto a priori pueda conseguir, tiene como objetivo marcar una tendencia REAL de CAMBIO.
Para ello, además de NO votar al binomio PP/PSOE tenemos las siguientes opciones, que a continuación, iré detallando en orden de (según mi criterio personal) de menor a mayor impacto social:
- VOTAR EN BLANCO: Es el voto de protesta creado por el propio sistema, así que podemos imaginar que hay gato encerrado... A la hora de la verdad es uno de los votos más condescendientes con el actual estado de las cosas, ya que al tratarse de un voto válido, se tiene en cuenta en el recuento oficial de votos pero sin cómputo efectivo. Es decir, la influencia del voto en blanco a la hora de calcular la asignación de escaños perjudica a las formaciones pequeñas y favorece a PP/PSOE. A favor del voto en blanco, tenemos que a nivel moral, un aumento significativo de este voto se puede plantear como un verdadero toque de atención al sistema. Aunque claro, para que ello sucediera debería experimentar un aumento tan espectacular como improbable, por lo que no deja de ser un voto controlado.
- VOTAR A UNA FORMACIÓN MINORITARÍA: El gran problema de emitir este tipo de voto, es que es muy complicado concentrar la mayoría de los votos de los disconformes en una única opción minoritaria, y la triste realidad es que, tal y como están las cosas, el voto a una de estas formaciones perjudica a las demás. Es decir, el razonamiento que lleva a desaconsejar la emisión del voto en blanco se aplica de igual manera para la toma de esta decisión.
Ahora bien, si apareciera una opción con la fuerza suficiente como para capitalizar a un número significativo de electores, pasaría a ser una muy buena decisión pues daría entrada a aire fresco y necesario para el verdadero cambio.
Como propuesta particular, si alguien está planteándose este tipo de voto, existe desde hace unos años un grupo denominado "Ciudadanos en Blanco" que defiende la efectividad del voto en blanco. Es decir, que los votos en blanco dejen asientos vacíos en el congreso como representación de la voluntad popular.
- VOTAR A IZQUIERDA UNIDA: Es una apuesta conservadora pues, además de la penalización electoral que actualmente supone votar a esta formación, se trata de un partido que ha renunciado a muchos de sus principios originarios, como por ejemplo, la República o el Socialismo. Ahora bien, como contrapartida tenemos que es el partido más fuerte con verdaderas políticas de izquierdas con representación en el Congreso, por lo que un hipotético aumento de su peso específico puede conseguir algo de influencia en el gobierno.
No es un voto revolucionario, pero quizá sí un voto útil.
- VOTO NULO: Sería sin duda mi predilecto, al no ser de lo difícil que resulta conseguir la movilización para este tipo de elección. El voto nulo es el voto de la militancia. Si os fijais, cuando llegan unas elecciones la proclama de los partidos políticos es "Votad. No importa a quien, pero votad". Pues bien, si queremos cambiar el sistema, pero el sistema está tan manipulado que no nos permite margen de maniobra, ¿qué podemos hacer? No participar en él.
La opción voto nulo (es decir, poner varias papeletas en un mismo sobre, o incluír un papel con un eslóganes, o tachaduras en la papeleta, etc.) es aquella opción que transgrede claramente las normas expresando claramente al sistema que NO quiere participar de esta pantomima.
Además, al ser un voto NO válido, no se tiene en cuenta en el recuento oficial de votos por lo que queda al margen de la repartición de escaños. Está claro que esta opción no tiene una influencia prágmatica sobre el resultado de las elecciones pero sí una inmesa fortaleza moral, pues pone de manifiesto que existe una auténtica voluntad social de cambio.
ABSTENCIÓN: Sinceramente creo, después de mucho reflexionar, que el voto más consciente de todos es paradójicamente la ausencia del mismo.
Los motivos para abstenerse en unas elecciones son los mismos que para efectuar un voto nulo, pero tiene la inmesa ventaja de que es el camino más rápido para la reivindicación, para señalar que el sistema no funciona.
La abstención esquiva el escollo principal de las anteriores opciones, esto es la movilización de la ciudadanía y la concentración del voto, pero además comparte la ventaja con el voto nulo, de no tenerse en cuenta en el recuento, por lo que no es cómplice de la tramposa ley electoral.
En su contra se puede justicar que carece de capacidad de influencia en unas votaciones, es decir, en el reparto del poder pero... ¿Qué pasaría si la abstención alcanzara récords nunca antes vistos? ¿Si la participación de la ciudadanía en unas elecciones apenas llegara al 20 o 30%? Está claro que los políticos y los medios de comunicación intentarían ofrecer la versión más simplista posible como que "la gente se está alejando de la política", "hoy el tiempo no acompañaba", etc. pero en realidad nadie podría ocultar por mucho tiempo la verdad de la exigencia de un cambio de paradigma.
¿De verdad pensamos que PP/PSOE continuarían como hasta ahora, haciendo lo que se les antoja, sabiendo que un 70-80% de la población no les apoya? Yo creo que la presión que tendrían sobre sus espaldas seria enorme y casi insoportable.
¿Y si esta abstención fuera además acompañada de un incremento del voto nulo, un aumento de la representación de IU y la aparición tal vez de alguna nueva formación en el parlamento de ideología claramente anti-capitalista?
¡El CAMBIO al fin estaría en marcha!

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