Como quien más quien menos sabe, los bancos son en gran parte responsables de la crisis finaciera y económica actual. También son conocidas por casi todo el mundo las millonarias ayudas públicas (esto es, "el dinero de todos") que los Estados han inyectado a la banca para su supuesto "rescate".
Muchos también están al corriente de que los bancos son uno de los principales avaladores de las guerras en el planeta, gracias a la financiación que les conceden a las compañías de la industría armamentística, así como a otros negocios de naturaleza más que cuestionable.
Algunos también conocen, o al menos sospechan, de la influencia de estos en los medios de comunicación, en los partidos políticos y, en definitiva, en todos los grupos de poder y unos pocos también se preguntan por el papel que juegan en los llamados "paraísos fiscales" y, sin embargo...
Sin embargo no nos queda otro remedio, mal que nos pese, que seguir confiando en los bancos en nuestra vida cotidiana, ya sea para domiciliar nuestra nómina, pagar nuestras facturas, guardar nuestros ahorros o hacer uso de la targeta de crédito. Aún a sabiendas (y si no lo sabemos, deberíamos planteárnoslo) de que con ello, queramos o no, contribuimos de forma cómplice a esta debacle planetaria en la que estamos inmersos.
Pero claro, si nuestra elección comporta seguir formando parte de esta sociedad, es decir, mantenernos al margen de movimientos okupas, de un retiro en la montaña a modo de ermitaño o de vivir en comunidad en una ecoaldea, parece que no nos queda alternativa a la banca posible... ¿O sí?
LA BANCA ÉTICA
¿QUÉ ES LA BANCA ÉTICA?Muchos también están al corriente de que los bancos son uno de los principales avaladores de las guerras en el planeta, gracias a la financiación que les conceden a las compañías de la industría armamentística, así como a otros negocios de naturaleza más que cuestionable.
Algunos también conocen, o al menos sospechan, de la influencia de estos en los medios de comunicación, en los partidos políticos y, en definitiva, en todos los grupos de poder y unos pocos también se preguntan por el papel que juegan en los llamados "paraísos fiscales" y, sin embargo...
Sin embargo no nos queda otro remedio, mal que nos pese, que seguir confiando en los bancos en nuestra vida cotidiana, ya sea para domiciliar nuestra nómina, pagar nuestras facturas, guardar nuestros ahorros o hacer uso de la targeta de crédito. Aún a sabiendas (y si no lo sabemos, deberíamos planteárnoslo) de que con ello, queramos o no, contribuimos de forma cómplice a esta debacle planetaria en la que estamos inmersos.
Pero claro, si nuestra elección comporta seguir formando parte de esta sociedad, es decir, mantenernos al margen de movimientos okupas, de un retiro en la montaña a modo de ermitaño o de vivir en comunidad en una ecoaldea, parece que no nos queda alternativa a la banca posible... ¿O sí?
LA BANCA ÉTICA
En primer lugar aclarar que como "banca ética" se entiende a aquellas instituciones bancarias que se caracterizan por dos conceptos fundamentales:
- La transparencia hacia sus clientes
- La concesión de préstamos o inversiones hacia proyectos sociales, culturales y/o medioambientales.
En otras palabras, son bancos que se caracterizan por informar a sus clientes del destino que toman sus fondos (activos en cuentas corrientes, cuentas de ahorros, ...) comprometiéndose además a invertirlos en proyectos basados en criterios éticos.
Por lo demás, funcionan de igual manera que cualquier banco al uso, esto es: ahorradores que depositan su dinero en la entidad, del capital disponible el banco genera unos préstamos a terceros y, finalmente, los prestatarios van retornando cada cierto tiempo parte del préstamo junto a un interés añadido (beneficio bancario) hasta finiquitar la deuda contraída.
Es decir, cuando hablamos de "Banca Ética" no nos estamos refiriendo a ONG's precisamente. Son bancos. Pero bancos en los que el destino de sus préstamos va a parar a proyectos que generan un valor añadido y donde el beneficio económico está supeditado al buenhacer de su actividad.

DIFERENCIAS CON LA BANCA TRADICIONAL
1- Economía no especulativa:
La mayoría de bancos y cajas de ahorro convencionales tienen como objetivo fundamental aumentar sistemáticamente y al máximo los intereses de su capital. Es decir, que el dinero genere dinero. Cuanto más y más rápido, mejor. Para ello realizan sus principales inversiones en los denominados "mercados de futuros" (algo parecido a las inversiones en bolsa), o en los negocios hipotecarios (piedra angular de la crisis financiera actual).
La banca ética, en cambio, se decanta por la economía real. Es decir, invierte en proyectos viables y con una finalidad bien definida. No se dedican a la especulación, por lo que carecen de "burbujas financieras".
2- Criterios éticos:
Otra de las fuentes de inversión importantes de la banca tradiconal son las empresas económicamente más rentables, y entre éstas, por desgracia siempre ocupan lugares destacados la industria armamentística, el mercado de transgénicos o la energía nuclear. También es importante señalar que muchos negocios que NO siguen los principios del comercio justo suelen ser económicamente muy atrayentes para los negocios bancarios.
La banca ética por el contrario, sólo invierte en aquellos proyectos que sostengan un compromiso social, cultural o medioambiental claro como por ejemplo pudieran ser aquellos que fomenten las energías renovables, la agricultura ecológica y todos aquellos que beneficien de algún u otro modo a la sociedad, descartando todos los que no cumplan con dichos requisitos.
3- Transparencia:
A diferencia de la banca convencional, donde todo lo que tenga que ver con este aspecto es muy opaco, la banca ética se compromete a poner a disposición del conocimiento de sus clientes todos aquellos proyectos que está financiando, garantizando así su credibilidad y fiabilidad.
En España hay diferentes entidades que proponen estos servicios, aunque quizá la más importante en la actualidad sea "Triodos Bank"
Más info en: http://www.triodos.es
Resumiendo, creo que es importante que tomemos conciencia de que nosotros con nuestras decisiones (por acción u omisión) contribuímos de forma activa a conformar el mundo en el cual vivimos. Por estas razones, hay que conceder la importancia que merece a cosas tan fundamentales como por ejemplo a quién votamos, lo que compramos y, por supuesto, en qué banco confiamos nuestro dinero.

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